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La mofeta y el castor
7th Sep 2012Posted in: Blog, Ficcion 0
La mofeta y el castor

La primavera no termina de llegar a los Grandes Lagos. Hoy gracias a Dios ha salido el sol. Vientecito gillette de doble hoja y mucha ardilla en la calle.Este invierno ha sido muy largo.La falta de luz se nota, sobre todo en el tono verdoso de mi piel. Un mes más y hubiera tenido que recolectar champiñones en mi espalda.

Con la primavera cientos de animalillos de todas clases vagabundean somnolientos en busca de comida. De hecho hay una mofeta en celo rondando mi casa. Malditas mofetas. Huelen a rayos. Su olor simplemente no se va. Es palpable. Perenne. Hemos llamado a la casera y han venido a poner una trampa, el tipo me asegura que una vez capturadas las libera en un bosque cercano. Pero cuando le estaba estrechando la mano observé que su cinturón era de piel de mofeta.

Mirándome de reojo al sentirse observado dejo caer: Sintético
Yo la verdad es que hice la vista gorda, con tal de hacer feliz a Inmaculada y que me deje en paz… Con lo cual hice como si nada y le dije que si, que a simple vista se notaba su sensibilidad medioambiental.

No le debió sentar muy bien porque arrancó su pick up y me dijo fuck off.
Esa noche el olor llegó para quedarse y con el la jaqueca de Inmaculada y el fin de nuestras posibilidades amatorias esa noche.

- Yo es que con ese olor no puedo.
- Respira por la boca le dije yo.

Por su mirada deduje que no consideraba mi comentario acertado así que me dí media vuelta y me dormí. Al día siguiente Inmaculada estaba en pie a las 7 de la mañana y salió a ver la trampa. En su interior en vez de la mofeta había un castor tratando de roer los barrotes de hierro con sus cortantes incisivos.

- ¡Que la mofeta se está escapando!

Todavía somnoliento me acerqué a la jaula y vi al castor.

- No es una mofeta es un castor querida…
- Estúpido animal, voy a llamar a Jacob.

Me dio tanta lástima verlo ahí encerrado que le metí un palo entre los barrotes para que se entretuviera. Rápidamente el castor se puso a roerlo con extremado cuidado.Dos minutos después de aquel pedazo de madera aquel castor había sacado un busto al estilo de los romanos. Expulsándolo entre los barrotes cayó al suelo y lo tomé entre mis manos.

- Joder pero si es el rostro de Obama.
- No lo toques que quien sabe que se habrá metido en la boca ese animal me dijo convencida Inmaculada. Ya llamé a Jacob para que venga a recoger a esta criatura.

Esto era más impresionante que el día de la Marmota me dije para mis adentros.¿Habría Dios designado a este ingeniero de la naturaleza para dar a conocer al mundo a su candidato?

- Hummm, un castor profeta…

Para borrar cualquier atisbo de duda le di otra rama y de ella sacó una bastón exquisitamente tallado con la cara de Obama en la empuñadura. Asombrado por su capacidad de trabajo le metí media patata para que comiera algo y que dedicación la del animal. ¿Pues no me devolvió la patata tallada con los rostros de los dos Kennedy, Martin Luther y Obama? Ya estaba yo pensando en que este castor me iba a retirar de trabajar cuando una voz como un cañón me retiró de mi potencial retiro.

- Ain´t a fucking Obama lover !!! I am gonna put right now a bullet in your liberal sissy big black rat head. Era Jacob.

Estaba cargando su 45 semi oxidado cuando el castor, abriendo un agujero en la jaula, se abalanzó sobre el brazo de Jacob. Mientras con sus dientes le roía el codo con su cola plana como un bate de cricket el castor golpeó al trampero hasta dejarlo inconsciente. Me miró con rostro apesadumbrado y huyó entre la maleza no sin antes recortarme los setos en forma de castor.

Cinco minutos después la policía tomaba declaraciones, la ambulancia se llevaban a Jacob y los medios de comunicación cubrían la noticia en todos los canales.

- A furious and unpatriotic pro Obama black beaver attack viciously an unarmed white man.

Apagué la televisión sin entender nada de nada y subí a la habitación. La noche caía tan lenta como mis párpados, abrí las ventanas para que entrara el viento y nos metimos en la cama. Comencé a besar el cuello de Inmaculada cuando un hedor fétido y ya muy familiar entró sin pedir permiso.

- Yo es que con este olor no puedo.
- ¿Y si respiras por la boca?

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