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El Misterio del Comigen.
7th Sep 2012Posted in: Blog, Ficcion 0
El Misterio del Comigen.

A pesar de que el sol atravesaba amistoso la rendijas de la persiana, la mañana se presentaba complicada. Un grito agudo anunciaba el comienzo de una borrasca. Inmaculada, la persona que acababa de poner el grito en el cielo, señalaba temblorosa hacia el lavabo de marmol beige. Me levanté como pude y me dirigí hacia el baño. Allí casi sin repiración, Inmaculada me miraba a los ojos mientras balbuceaba:

-¡ El Comigén es el Comigén !.

Tras echarme un gas, me rasqué pensativo el culo rumiando que decir. Comencé por el principio.

-¿ Que es un Comigén ?

Ella la verdad no regateó explicaciones. Que si el Comigen es dañino, que si provoca pérdidas económicas espeluznantes, que si tal y que si cual y que por si fuera poco además, cagaba sin pausa ni tino alguno.

-Fíjate, fíjate cómo lo han puesto todo. Máldito Comigén… Si pudiera lo mataría…

La verdad es que tenía razón. Cientos de diminutas cagarrutas aparecían en el lavabo como por arte de birlibirloque. Yo entonces comencé a imaginar que ocurriría cuando creciera el Comigén. María Inmaculada limpiaba compulsiva esas minúsculas secrecciones ovaladas como pequeños balónes de rugby cuando decidió llamar a Amado El Alacrán Fernández, nuestro fumigador.

Dos horas después El Alacrán, Inmaculada y un servidor mirabamos absortos la acompasada caida de las cagadas del Comigén. El lavabo estaba lleno y eso que Maria Inmaculada se afanaba en barrerlas del mapa armada con un trapo mojado en alcohol.

-Una vez en Pueltolico vi algo así en la casa de una Jeba muy lica . sentenció con tono conocedor mientras daba un largo trago a la cerveza que sostenía en su mano. Eruptó largamente y emitió su veredicto.

-Iniciar una guerra con el Comigén es una guerra peldida señol mio. Mira papi que prefiero unirme a los freaking marines antes que luchar por una causa de final impredecible. Adios.

En vano intenté retenerle ofreciéndole otra cerveza. Inmaculada incluso se ofreció a mamárselo un ratito si accedía a acabar con esas cagarrutas ovaladas que la estaban quitando la salud. Todo resultó inutil. El Alacrán se disculpó diciendo que de mil amores se tomaría otra cerveza y que sin lugar a dudas apreciaba también la buena disposición que la señora de la casa tenía a la hora de ofrecerse para mamarle de los tres el más largo, pero que el precio era demasiado alto. Que no le guardáramos rencor y que si de cucarachas se tratara otro gallo cantaría. Pero que ni hablar del Comigén.

La marcha apresurada del fumigador me puso un tanto nervioso y a Inmaculada a automedicarse una generosa ración de prozac via intravenosa. Tomó el teléfono y llamó a la casera con cajas destempladas.

- Oh you piece of crap ! You never told me that this fucking house is full of Comigén’s Shit.

La casera, una inglesa gorda, pechugona y de carrillos rojizos se presentó una hora después en la casa. Sus ojos caidos y profundamente azules observaban maravillados como el Comigén bombardeaba sistematicamente el lavabo. Por fin dijo en un estirado inglés británico mientra ponía una mano en el hombro de Inmaculada y la otra en mi culo:

- Is not wonderful ? I mean, I understand your are passing through a very painful time but, is not wonderful the way how the mother nature works ?

La casera me apretaba contra sus pechos emocionada cuando Inmaculada dió un manotazo en el lavabo. Ya está, me dije para mi. Seguro que ha visto como la inglesa me estaba tocando el culo y la va a poner en su lugar. Nada más lejos de la realidad. Amistosa como pocas veces en su vida, Inmaculada la preguntó.

- What the hell do you want bitch ?
- His cock for a while.

Ambas me miraron y se estrecharon la mano. La gorda me cabalgó por espacio de una hora y a Inmaculada le entregó un misterioso frasquito para que se lo diese al Comigén. Se marchó jurándonos por su Graciosa Majestad que nos cambiaría de casa si el remedio no funcionaba.

Esa misma noche Inmaculada colocó el contenido del misterioso frasco por todo el baño y a la mañana siguiente comprobamos el triste espectáculo. Allí yacía el pobre Comigén ahogado en su propia mierda. La verdad es que a mi hasta se me escapó una lagrimita viendo aquella muerte tan horrible, mi mujer tambien lloraba, pero de alegría inmensa. El desdichado Comigén había comido aquellos polvos que resultaron ser laxante, provocándo en sus intestinos una imparable y mortal diarrea. El animalito se había escurrido del agujerito del techo, maltrecho por su debilidad y delgadez, cayendo en su propia mierda y ahogándose sin remedio.

Alguien llamaba a la puerta. Era la patrona británica. Sonriente y agarrándome de mi entrepierna me dirigió a la alcoba donde se cobró el segundo pago ante la eterna indiferencia de Inmaculada que sonriente, horneaba un pastel para celebrar la muerte del comigen.

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