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4.000 Soldados Muertos.
7th Sep 2012Posted in: Blog, Ficcion 0
4.000 Soldados Muertos.

Hoy me he puesto los patines a las 4:30 y he salido de la oficina como un cohete para mi casa. ¿La razón? La noticia del día. resulta que un tipo había quedado incrustado en el ano de un elefante africano en el Zoo de Detroit. ¿Que cómo llegó allí? Al parecer Spencer Insideishot, el cuidador del elefante Doroteous, estaba limpiándole el culo cuando descubrió en su interior unas extrañas bolutas. Para comprobar si de almorranas se trataba se adentró temerariamente más de lo habitual provocando una contracción en los intestinos del paquidermo, con el consiguiente efecto succión teniendo como resultado, la brutal absorción de Spencer através del ano del animal. Una segunda contracción del esfintér lo había apresado, cerrándose firmemente alrededor de la cintura del cuidador y dejando sus piernas fuera.

Hacía calor, abrí la ventanilla del carro, el quemacocos electrónico, me encendí un cigarro, y puse la radio. Todas las emisoras estaban radiando en directo el suceso del año, el drama que estaba conmocionado a toda la nación Americana. ¡Vivo, está vivo! jaleaba el comentarista. Efectivamente, al parecer Spencer Insideishot estaba pataleando frenéticamente por su vida, pero el esfinter no aflojaba.

Joder, me dije, esto no me lo puedo perder. Aceleré, sentí el viento en mi cara y demasiado tarde, la presencia de la policía emboscada tras unos matorrales. No se si era la emoción, el viento, el maldito polen o la multa de 140 dólares pero se me saltaban las lágrimas mientras llegaba a mi casa. La puerta de mi garage se abrió con rapidez, subí las escaleras, puse la televisión, me dejé caer como un saco en el sillón y allí , frente a mi, se encontraba la más bizarra imagen que había visto en muchos años. La mitad de un cuerpo manchado de mierda de origen vegetal pataleaba frenéticamente por su vida. Alrededor, un cordon sanitario y policial protegía a unos ciéntificos que estudiaban ceñudos la situación.

Sebastian Brown, el presentador estrella de la QKK TV, irrumpió en el círculo y comenzó a entrevistar a los especialistas:

- Creo entender que están evaluando el camino de la cirugía como posible paso a seguir, ¿Es cierto?
- Está usted en lo correcto. Una de nuestras opciones es ensanchar el orificio anal del paquidermo para facilitar la extracción de la víctima.
- ¿Cual es el plan b y c, si es que lo tienen?
- Uno menos agresivo sería el masaje anal o inyectarle un vomitivo potente.
- ¿Y porqué no un compuesto de fibra que lo desatasque?

Mirando con gravedad al presentador. Jeremy James, eminente veterinario plástico, desenrolló un plano mostrándolo a la cámara. En el se dibujaba esquemáticamente de perfil al elefante con su víctima incrustada.

- Cómo verá, contestó el veterinario plástico, estamos frente a un problema profundo. Spencer sobrevive gracias a una micro bolsa de aire formada en el intestino grueso del animal. Si aplicáramos un laxante, correríamos el peligro de provocar una avalancha de fluídos que pudieran inundar dicha bolsa de aire ahogando en mierda al buen Spencer.
- Corte y volvemos.

La publicidad me dió la oportunidad de prepararme algo de comer. Sonó el teléfono, eran Serguei, Miles, T y John. Que si podían venir a casa a ver lo del elefante. Como mi mujer estaba de viaje les dije que si. Cinco minutos más tarde estaban allí sentados comiendo hot dogs y bebiendo cerveza. John venía con su nena de 5 añitos, un terremoto de 7.5 en la escala de Richter, que contra todo pronóstico se puso a pintar en un papel y no dió guerra.

En el durante, habían atado e inmovilizado al elefante forzándole además a abrir al boca con la ayuda de unos gatos hidráulicos. Los doctores, despues de aplicar el masaje anal sin resultado alguno, decidieron que era el momento del vomitivo. Los pies cada vez se movían menos. Sebastian Brown sostenía en su mano un celular, comenzó a marcar y mirando a cámara dijo:

- Estoy tratando de hablar con Spencer…

En el estómago del elefante sonaba la Macarena, las risas y el ambiente festivo se impuso en el cordon sanitario-policial, la gente tras las vallas comenzó a bailar a ritmo de los del Rio, ya se estaba aquello calentando cuando al otro lado de la línea una voz susurrante respondió:

- ¿Diga?, ¿Diga?
- ¿Spencer?
- Si, si, soy yo, ¿Quien es?
- Sebastian Brown, de la QKK TV
- ¡Huy que alegría! ¿He ganado algo?
- Claro que has ganado algo muchacho: La atención de América. ¿Cómo te sientes ahí adentro?
- La verdad es que huele fatal, me siento un poco solo, y hace mucho calor.
- Tranquilo ciudadano, toda América está pendiente de tí. Nunca dejamos a uno de los nuestros atrás. Te sacaremos cueste lo que cueste. ¿Quieres decir algo a América hijo?
- Que cómo irlandés y católico me viene a la mente esa cita de Santa Teresa que dice: La vida es una larga noche en una mala posada.

Súbitamente el presentador miró a cámara con gesto compungido y con la voz rota susurró:

-No dejes solo a Spencer y mándale un mensaje de texto al teléfono en pantalla. Haz saber a Spencer que toda América está con él.

De la panza del elefante la Macarena comenzó a sonar de nuevo y América entera comenzó a bailar feliz. En lo álgido del improvisado guateque el elefante comenzó a convulsionar y tras un erupto grave liberó un rio de bilis. Aquello parecía una fuente, un torrente que atravesó el cordon sanito-policial para caer sobre la primera fila de los que se congregaban allí. Con el último retortijón salió disparado Spencer, su celular y lo que le quedaba de dignidad, lleno de mierda-vómito a ritmo de Macarena. De ahí a la ambulancia mientras los diferentes medios amenazaban con secuelas del suceso en un especial a las 8 en punto.

Todo había terminado bien. Nos levantamos, abrimos otras cervezas y de pie junto al refrigerador comentamos alegres los por menores de la historia. Solitaria, la televisión prosiguió con su programación frente a un sillón vacío de público, el locutor del noticiero de las seis anunciaba indiferente que el soldado estadounidense número 4000 caía muerto en Iraq.

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